Sibila délfica. La pitonisa del oráculo de Delfos.

 

Bóveda Capilla Sixtina

Bóveda Capilla Sixtina

           El arte también es un camino hacia Dios.   

          Cuando el ambicioso papa Julio II encargó al joven artista florentino la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina nada hacia presagiar a Miguel Ángel que, pese a su inicial negativa y a sus protestas reiteradas para acometer tal proyecto, aquello le convertiría en el más influyente artista que ha dado la historia. Aquella bóveda le consagró como el mejor artista italiano y durante cuatro años trabajó con esfuerzo ante las dificultades que presentaba la infraestructura de la capilla, la falta de luz natural y el desánimo personal, ya que ante todo, él siempre consideró que su arte era la escultura.

      Sólo cuando se está bajo ese inmenso “cielo raso” y se aprecian las dimensiones de la bóveda es posible  imaginar los incovenientes  que durante esos años padeció el artista, quien prácticamente pasaba los días en soledad y sobre los andamios.  La bóveda consta de nueve paneles, que relatan la creación del mundo según el Génesis, flanqueados por las imágenes de las sibilas, profetisas que auguraban la llegada de la era cristiana.

SibilaDélfica

         En la parte superior derecha, en el lado opuesto del altar, sobresale la Sibila délfica, pitonisa del oráculo de Delfos, nombre que se le daba a las mujeres que interpretaban el oráculo. A las elegidas sólo se le pedía que su vida y sus costumbres fueran irreprochables, el nombramiento era vitalicio y se comprometían a vivir para siempre en el Santuario. La primera pitonisa que actuó en el oráculo de Delfos se llamaba Sibila, mujer de gran belleza y dotada del don de la profecía, cuyo índice de aciertos en sus predicciones era muy alto. A raíz de esto, su nombre se generalizó quedando como nominativo en el oficio. Ésta es una de las más hermosas figuras femeninas pintada por Miguel Ángel, quien simbolizó como nadie la imagen masculina en la mayoría de sus representaciones artísticas.  Es una mujer joven que parece volverse y mirar sorprendida en el momento de la lectura de los textos sagrados.  Tal vez, el florentino quiso expresar la emoción que provocó en ella la visión de la divinidad.

 

La Grecia de nadie.  Jean Bollack.

Pinchar aquí:    http://www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr/index.html

 

Siempre Michelangelo

Siempre Michelangelo

Miguel Angel Buonarroti

 

 

 

 

 

 

Miguel Angel Buonarroti.  1475-1564

Hay quien me ha preguntado si Miguel Angel estaba abonado al  blog.  En cierta forma lo está.  Su presencia me acompaña, me impulsa y me inspira a menudo a escribir sobre el arte. No he encontrado un personaje más fascinante ni un artista más completo e innovador que este florentino nacido en pleno Renacimiento italiano.

Me bastó hace una decada atravesar el umbral de aquella pequeña puerta situada debajo del “juicio final” y que da acceso al inmenso “cielo raso” de la Capilla Sixtina para comprobar que una bóveda de aquellas características solo pudo hacerla un genio. He aquí, en aquel lugar donde se aprecia la magnitud y grandeza de su obra, como escribió Vasari su biografo en 155o en el libro “Vidas” ….grandeza de caracter, inspiración elevada, hasta lo sublime….

 

Bóveda Capilla Sixtina

La grandeza del artista no solo se mide por sus obras, también por su vida; fue capaz de llevar la contraria a papas y nobleza, alabado por todos, pero en realidad profundamente solo y lleno de contradicciones.  Tuvo la inmensa suerte de nacer en el entorno de Florencia, que en la Europa de 1400 se convirtió en el centro del mundo de la cultura. Con solo 30 años era conocido en toda Europa, logrando superar a los clásicos.  Bajo el auspicio de Lorenzo de  Medici que lo acogió en su palacio de Via Larga hasta su muerte, en 1492,  y su vinculación  con personajes, ideales, y circulos del arte que frecuentaba lo convirtieron en un artista único y un incansable buscador de la belleza

El Moises

 

Miguel Angel era inimitable, nadie ha podido igualar la originalidad y la fuerza de sus construcciones.  Por más que se empeñaran en ligar su figura a la Roma de los papas, su arte marcó sobre todo el Renacimiento Italiano. Cada trazo, cada obra suya era fruto de un camino interior, de un deseo irrefrenable de perfección, y de la angustia que le provocaba la renuncia a sus verdaderas y ocultas pasiones.  Sus obras despiertan inquietudes, emociones y suscitan de todo al que las contempla.  Su figura trasciende al tiempo.