Ayer y hoy en Florencia

   

Palazzo Vechio

Palazzo Vechio

       

                  La tarde está cayendo, la luz de oro del último sol transfigura los cipreses en cirios ardientes, las nubes en el cielo azul y diáfano se tiñen de rosa místico, como tocadas por los pinceles de Fra Angélico.  El tiempo se ha parado, absorto en el esplendor del ocaso, el murmullo del agua y la placidez del aire.  Bajo la logia que contempla los jardines de Careggi, Ficino diserta, Leonardo, Poliziano, Pico, Brunelleschi, Alberti son la compañia.  Marsilio comenta el Simposio de Platón y lo compara con el Corpus hermeticum.  Leonardo mira absorto a lo lejos, mientras Pico della Mirandola consulta un códice hebreo.  Es una reunión de la Academia platónica fundada por Cosme el Viejo con la ayuda de su mentor y médico Marsilio Ficino, que se ocupará de la educación de Lorenzo de Médicis.                                                                                                         Luis Racionero.   Florencia de los Medicis

          

 

 

 

 

             Este es el enigma. Qué ocurrió en la historia, para que precisamente en Florencia, y en el siglo XV, bajo el amparo de la familia Médicis, se encontraran esta variada representación de artistas y pensadores que originaron el Renacimiento, modificaron el rumbo de la historia y llevaron aquel periodo artístico  a la cima entre los años 1490 y 1512. Fue una coincidencia de espacio y tiempo, una manera diferente de mirar el mundo y una concentración de creatividad, similar a lo que ocurrió en el siglo de oro ateniense, culminación de la Grecia clásica.  Pero, tal vez, cualquier prefacio al Quattrocento deberiamos buscarlo un siglo antes, cuando Dante Alighieri escribió una de las grandes obras de la literatura universal, la Divina Comedia, también en Florencia.

       A comienzos de 1500, por poner un ejemplo, Miguel Ángel esculpía el David,  Leonardo acababa de pintar la Última Cena y juntos realizaban los dibujos para decorar el salón del palacio de la Signoria,  Perugino pintaba una de las capillas de la iglesia de la Annunziata y un jovencísimo Rafael concluía su Madonna del Baldaquino para decorar la capilla del Santo Spirito en Florencia.

      Actualmente la ciudad permanece inalterable al paso de los siglos, cuyo encanto está presente en cada esquina de sus calles, edificios, iglesias y palacios. La he visitado en varias ocasiones y circunstancias diferentes y he sentido el denominado Síndrome de Stendhal en cada una de ellas.  Ningun lugar debe ser comparable a otro y cada uno guarda su encanto y originalidad, pero a mí me sigue pareciendo el lugar más bello del mundo.

Estas son  algunas de las fotografías realizadas en la ciudad.

 

 

 

 

 

RA

 

 

 

Siempre Michelangelo

Siempre Michelangelo

Miguel Angel Buonarroti

 

 

 

 

 

 

Miguel Angel Buonarroti.  1475-1564

Hay quien me ha preguntado si Miguel Angel estaba abonado al  blog.  En cierta forma lo está.  Su presencia me acompaña, me impulsa y me inspira a menudo a escribir sobre el arte. No he encontrado un personaje más fascinante ni un artista más completo e innovador que este florentino nacido en pleno Renacimiento italiano.

Me bastó hace una decada atravesar el umbral de aquella pequeña puerta situada debajo del “juicio final” y que da acceso al inmenso “cielo raso” de la Capilla Sixtina para comprobar que una bóveda de aquellas características solo pudo hacerla un genio. He aquí, en aquel lugar donde se aprecia la magnitud y grandeza de su obra, como escribió Vasari su biografo en 155o en el libro “Vidas” ….grandeza de caracter, inspiración elevada, hasta lo sublime….

 

Bóveda Capilla Sixtina

La grandeza del artista no solo se mide por sus obras, también por su vida; fue capaz de llevar la contraria a papas y nobleza, alabado por todos, pero en realidad profundamente solo y lleno de contradicciones.  Tuvo la inmensa suerte de nacer en el entorno de Florencia, que en la Europa de 1400 se convirtió en el centro del mundo de la cultura. Con solo 30 años era conocido en toda Europa, logrando superar a los clásicos.  Bajo el auspicio de Lorenzo de  Medici que lo acogió en su palacio de Via Larga hasta su muerte, en 1492,  y su vinculación  con personajes, ideales, y circulos del arte que frecuentaba lo convirtieron en un artista único y un incansable buscador de la belleza

El Moises

 

Miguel Angel era inimitable, nadie ha podido igualar la originalidad y la fuerza de sus construcciones.  Por más que se empeñaran en ligar su figura a la Roma de los papas, su arte marcó sobre todo el Renacimiento Italiano. Cada trazo, cada obra suya era fruto de un camino interior, de un deseo irrefrenable de perfección, y de la angustia que le provocaba la renuncia a sus verdaderas y ocultas pasiones.  Sus obras despiertan inquietudes, emociones y suscitan de todo al que las contempla.  Su figura trasciende al tiempo.