La misteriosa sonrisa de Mona Lisa. Códigos en el arte.

A lo largo de la historia el uso de códigos y mensajes ocultos eran empleados, no sólo para la guerra y para tratar de engañar al enemigo, en ocasiones el objetivo era provocar una expectación o curiosidad en una obra de arte.  Los grandes genios de la pintura y podríamos poner varios ejemplos, realizaron sus mejores obras intentando dejar  mensajes encubiertos.  Por ello una obra maestra la apreciamos como tal, porque quizás hay algo más oculto de lo que a simple vista percibimos.

No creo que el cuadro de La Gioconda me guste porque lo haya pintado Leonardo da Vinci ni porque la modelo fuese hermosa, de hecho, podríamos considerarla poco agraciada.  Me gusta porque la envuelve el misterio. Hay en ella algo más allá de un simple retrato, algo más profundo, detrás de esa sonrisa y de su mirada el pintor dejó codigos que hoy cinco siglos después, han salido a la luz. Es suficiente fijar por un instante nuestra mirada en ese rostro, en sus manos, en la pose, no hay en él nada permanente. Ello estriba en la técnica de representación, el sfumato, el difuminado que disuelve los contornos, que expresa y no expresa, que muestra a medio camino la alegria y la tristeza en el rostro.  Parecería que esa sonrisa va a cambiar en cualquier instante y a mostrarnos otro estado de ánimo.

¿Qué tiene el cuadro de la Mona Lisa? Jamás ha existido una pintura tan fascinante en la historia ni una sonrisa tan misteriosa y cautivadora.  Considerado el retrato más importante en la pintura, Leonardo da Vinci estuvo trabajando en el hasta su muerte.  Lisa Gherandini era la esposa de un acaudalado comerciante y miembro del gobierno florentino, Francesco del Giocondo, que encargó personalmente el retrato al pintor.  Comenzó a pintarla en 1503 y jamás se lo entregó a su cliente ya que no dejó de trabajar en la obra, hasta que murió en 1519.

La pintura fue comprada por Francisco I rey de Francia y pasó a formar parte de las dependencias del palacio de Versalles.  Trás la Revolución Francesa, Napoleón la adquirió para tenerla en sus aposentos del palacio de las Tullerias. Actualmente y bajo fuertes medidas de seguridad, tras el robo de 1911, está expuesta en el Museo del Louvre en París.

En pleno siglo XXI cuesta entender que en el Renacimiento los artistas incluyeran códices en sus obras, sin embargo para ellos el reto debía ser ocultar esos mensajes por miedo a que sus ideales no fuesen aceptados o incluso fuesen censurados.  Hablamos de un periodo  de intolerancia, condena, y persecución en donde se prohibía que el arte declarara visiblemente lo que el artista necesitaba transmitir.  Por ello los enigmas y las imágenes veladas eran la única vía para aquellos que huían de las severas doctrinas de la época.  Leonardo era el prototipo de artista que abarcaba todas las ciencias y cuyas obras de arte no solo han perdurado en el tiempo, también al igual que Miguel Angel, nos ha dejado mensajes convencidos de que la historia descifraría con el paso de los siglos.