Cayetana de Alba, un espíritu libre.

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         Hace aproximadamente siete años escribí una carta a la Fundación Casa de Alba en Madrid, solicitando conocer personalmente el legado artístico de la Casa de Alba. Ya había leído en un artículo que la Fundación, dedicada a la conservación y difusión del patrimonio histórico-artístico, ofrecía la posibilidad de visitar el palacio de Liria de Madrid tanto a particulares como a diferentes asociaciones culturales.  Sinceramente no pensé que me contestarían, supuse que las reducidas visitas estarían relacionadas con entidades culturales o fundaciones diversas.  Al cabo de dos meses recibí una llamada para confirmarme el día y hora de la cita en la calle Princesa de la capital, donde se encuentra ubicado el Palacio de Liria.  Era viernes, una fría mañana de febrero en Madrid, cuando llegamos a la cita en las inmediaciones de Liria. Un grupo escaso, creo recordar entre siete u ocho personas, nos dirigimos con alguien que nos esperaba, al interior del Palacio.

          Podría escribir decenas de renglones sobre todo lo que vimos y conocimos… pero por encima de todo una maravillosa colección de arte que complementa  todo el legado que alberga El Museo del Prado. Impresionantes cuadros de El Greco, Ribera, Velazquez,  Rubens,  Zurbarán,  Goya, Tiziano, Federico de Madrazo, Zuloaga, etc…  lienzos que milagrosamente se salvaron del bombardeo que durante la guerra civil destruyó casi por completo el Palacio de Liria y que durante años estuvieron protegidos en el Banco de España, en la embajada británica y en el Museo del Prado.  Además de la colección pictórica pudimos contemplar en la Biblioteca, que ocupa la planta baja de la fachada derecha del palacio, casi 20.000 volúmenes de libros, entre ellos la 1ª edición del Quijote, una relación de 20 documentos de Cristobal Colón, expuestos visiblemente, donde se incluye el más antiguo mapa de América, el plano de la Española, la relación de tripulantes del Primer Viaje de Colón y otros escritos dirigidos a los Reyes, así como el último testamento de Fernando El Católico.

         A la vuelta de aquel fin de semana en la capital, volví a escribirles agradeciendo personalmente aquella grata visita guiada y mostrando mi admiración por la belleza de la colección pictórica que forma parte de nuestra cultura también, pero esta vez… el escrito iba dirigido a la Duquesa de Alba. Y me contestó en la primavera de ese mismo año, una afectuosa carta, de escasos quince renglones escrita y firmada por ella personalmente, para decirme que “con mucho gusto si me desplazo a la capital hispalense, podría ver de cerca el huerto claro y el limonero que Antonio Machado inmortalizó en sus versos de juventud”. Con esas palabras, Cayetana, la duquesa de Alba nos invitaba a conocer el Palacio de Las Dueñas en Sevilla, residencia que encandiló al por entonces joven escritor cuando escribió aquellos versos evocando el lugar donde nació, y en donde cada año en su puerta, al paso del Cristo de los Gitanos, se recuerda aquel bello poema “La Saeta” del más grande escritor andaluz que ha dado la historia.

            He leído y oído numerosos elogios a su figura como Duquesa, yo me quedo con la mujer que adoraba el arte, indómita ante la sociedad y su propia familia, ante todo un espíritu libre, hoy día tan escaso en esta sociedad adoctrinada.

Descanse en paz, Cayetana de Alba.

 

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Visita al Palacio de Las Dueñas.  Sevilla. http://www.enmiscriptorium.com/wp-admin/post.php?post=2619&action=edit