Cuestiones éticas ante la muerte

Cuestiones éticas ante la muerte

Morir es un proceso natural para el que nadie está preparado aunque morir forme parte de la vida.   Somos capaces de ahondar en el término , de hablar de ella con naturalidad pero siempre referida a otros, nunca en primera persona, esa es la muerte ajena.  Cuando ésta se desencadena trás una larga y penosa enfermedad, en ocasiones es confundida con una mala praxis o negligencia sanitaria, y más bien deberíamos contemplarla como la última oportunidad que tenemos para aportar el confort necesario, el apoyo emocional y espiritual y la paz humana para ese ser querido.

La vida de cada ser humano es el fundamento de la existencia, y su derecho a ella deriva directamente de la dignidad como persona por muy deteriorada que esté, por muy enferma o discapacitada. Los criterios con la finalidad de legalizar la eutanasia han sido múltiples, hay opiniones para todo, algunos consideran que la vida debe ser vivida en condiciones óptimas y de plenitud, otros  no quieren dejar esa decisión en manos de los demás, y quien estima, que prolongar una situación irreversible es más un martirio disfrazado de respeto y humanidad.

En esta sociedad en la que vivimos se impone una visión dominante hedonista que tiende a apreciar la vida solo si tiene valor personal, si  nos proporciona bienestar, comodidad y placeres y el temor a una enfermedad prolongada que pueda convertirnos en una carga para la familia y la sociedad ha hecho que hoy podamos “decidir y autorizar” de modo anticipado nuestra muerte.  Soy de la opinión que un paciente con una enfermedad terminal tiene derecho a conocer su enfermedad, para valorar y opinar sobre posibles intervenciones llegado el caso, respetando su libertad de conciencia. Entendiendo la enfermedad terminal como el estado clínico que indica expectativa de muerte a corto plazo y que se presenta como el proceso final de algunas enfermedades crónicas progresivas en las que se han agotado los recursos para mantener la vida.

Actualmente hay un consenso que acepta la muerte cerebral como muerte de la persona en conjunto. Por lo cual solo se justifica mantener con vida a los pacientes candidatos a donación de órganos.  De otro modo tampoco es ético mantener el coma vegetativo en pacientes en situación irreversible.  Aún así, el afrontamiento que cada persona hace de la muerte es diferente y ninguno podemos opinar per se qué decisión tomariamos ante tal magnitud.  A lo largo de mis años de profesión he visto a personas a favor de la eutanasia negandose a aplicarla a sus seres queridos, y otras que no aceptandola por creencias religiosas se han planteado la opción como compasión ante el sufrimiento o considerando su deseo de morir.

La muerte es nuestro destino inevitable,  una etapa que nos guste o no,  constituye el límite natural de nuestra existencia .  Es la consumación prevista de la vida, aunque imprecisa en cuanto a cuándo y cómo  y, por lo tanto, forma parte de nosotros porque nos afecta  y porque la postura que admitamos  ante el hecho  de morir determina en parte como viviremos.