Síndrome de Stendhal

              Debe ser que soy extremadamente sensible al arte, o tal vez que he padecido sin haber sido consciente de ello, el sindrome de Stendalh en alguna ocasión.  Desde siempre, es conocida mi admiración profunda por el arte del Renacimiento, y mi pasión sin medida hacia la figura de Miguel Ángel Buonarroti.  No creo que sea algo íntrinseco y exclusivo en  mí, porque  quien  haya admirado de cerca, muy de cerca, por poner un ejemplo, “El David” en La Galería de la Academia de Florencia, es posible que haya quedado aturdido por tanta belleza, por tan imponente escultura, por tan majestuosa figura de proporciones perfectas, paradigma del genio del Renacimiento.

                                                                                       

           El Síndrome de Stendhal, conocido popularmente también como síndrome de Florencia, es un leve trastorno transitorio que cursa con aumento del ritmo cardiaco, vértigos, temblores, palpitaciones, confusión, debidos a la sobreexposición a  obras de arte. Especialmente si éstas son muy bellas o existen en gran número, en un mismo espacio.  Es algo así como una sobredosis de arte y belleza artística, el caso es que cuando el famoso escritor francés del siglo XIX, Marie-Henri Beyle (más conocido por el pseudónimo literario Stendhal) realizó un viaje por Italia, describió su propia experiencia personal en un pequeño y ameno libro titulado “El síndrome del viajero”.  En uno de sus capítulos relata la experiencia sentida tras la visita a la Basílica de la Santa Cruz (Santa Croce) en Florencia, experiencias que  se originaron debido a la intensa emoción que le embargaba por los tesoros artísticos que iba a poder contemplar en el interior del templo:

             “…..Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme….”

           Al igual que al escritor francés, hay quienes presentan reacciones de hipersensibilidad por saturación de la capacidad humana frente a las obras de arte.  Es algo así como decir, que la belleza excesiva duele, o que existen los placeres de la mente. Yo no podría afirmar que esta sensación de elocuencia, de querer expresar que se está ante una maravilla,  solo se circunscribe a la ciudad del Arno, aunque haya sobrados motivos para ello. Supongo que el origen está en la persona que observa y la interpretación que haga del arte en sí.

               No fue hasta el siglo XIX, cuando la psiquiatra italiana Graziella Magherini, realizó un estudio y descubrió más de un centenar de casos ocurridos, especialmente tras la visita a la Galleria degli Uffizi en Florencia. Fue entonces cuando los síntomas quedaron definidos e identificados con este nombre.

            Dicen, que tras contemplar en repetidas ocasiones un mismo objeto por muy bello que sea, uno queda inmune a la expectación. Yo he visitado Florencia en tres ocasiones, y lo cierto es que estas ciudades donde todo es admirable, uno no queda impasible nunca, por más veces que se haya visto.

2 pensamientos en “Síndrome de Stendhal

  1. es que las sensibilidades humanas tienen diferentes disparadores,quizás el arte no sea el que más espiritualidades abarca,pero que si es sublime!

    • Cada persona tiene una sensibilidad diferente hacia las cosas. Lo que para mí, puede ser maravilloso, como por ejemplo el cieloraso de la Capilla Sixtina, otros no verán nada más que, imágenes religiosas agrupadas. La sensibilidad, depende del espíritu de cada uno, de la pasión con que observamos algo. En Florencia, las veces que la he visitado siempre he sentido esas sensaciones que describe Stendhal en su libro. Cómo no sucumbir ante La Cúpula de Brunelleschi, o ante el Corredor Vasariano, o la Galleria Uffizi. El arte es maravilloso, tan solo la música es capaz de compararse a tanta grandeza. Gracias por tu visita al blog. Saludos.

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