Sibila délfica. La pitonisa del oráculo de Delfos.

 

Bóveda Capilla Sixtina

Bóveda Capilla Sixtina

           El arte también es un camino hacia Dios.   

          Cuando el ambicioso papa Julio II encargó al joven artista florentino la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina nada hacia presagiar a Miguel Ángel que, pese a su inicial negativa y a sus protestas reiteradas para acometer tal proyecto, aquello le convertiría en el más influyente artista que ha dado la historia. Aquella bóveda le consagró como el mejor artista italiano y durante cuatro años trabajó con esfuerzo ante las dificultades que presentaba la infraestructura de la capilla, la falta de luz natural y el desánimo personal, ya que ante todo, él siempre consideró que su arte era la escultura.

      Sólo cuando se está bajo ese inmenso “cielo raso” y se aprecian las dimensiones de la bóveda es posible  imaginar los incovenientes  que durante esos años padeció el artista, quien prácticamente pasaba los días en soledad y sobre los andamios.  La bóveda consta de nueve paneles, que relatan la creación del mundo según el Génesis, flanqueados por las imágenes de las sibilas, profetisas que auguraban la llegada de la era cristiana.

SibilaDélfica

         En la parte superior derecha, en el lado opuesto del altar, sobresale la Sibila délfica, pitonisa del oráculo de Delfos, nombre que se le daba a las mujeres que interpretaban el oráculo. A las elegidas sólo se le pedía que su vida y sus costumbres fueran irreprochables, el nombramiento era vitalicio y se comprometían a vivir para siempre en el Santuario. La primera pitonisa que actuó en el oráculo de Delfos se llamaba Sibila, mujer de gran belleza y dotada del don de la profecía, cuyo índice de aciertos en sus predicciones era muy alto. A raíz de esto, su nombre se generalizó quedando como nominativo en el oficio. Ésta es una de las más hermosas figuras femeninas pintada por Miguel Ángel, quien simbolizó como nadie la imagen masculina en la mayoría de sus representaciones artísticas.  Es una mujer joven que parece volverse y mirar sorprendida en el momento de la lectura de los textos sagrados.  Tal vez, el florentino quiso expresar la emoción que provocó en ella la visión de la divinidad.

 

La Grecia de nadie.  Jean Bollack.

Pinchar aquí:    http://www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr/index.html

 

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