Monseñor Antonio Dorado Soto, Obispo emérito de Málaga.

Monseñor Dorado Soto

Monseñor Dorado Soto

            No es la primera vez que me encontraba personalmente con Monseñor Antonio Dorado, hace unos años una tarde de navidad y estando de visita en la exposición del Museo de Arte Sacro malagueño, él llegó por allí.  Nos saludamos, cortesía, intercambiamos unas palabras y poco más. Por entonces era el Obispo de la diócesis de Málaga. En pocos minutos, pude ver a un hombre afable, atento y llano que rompió el protocolo de aquella visita oficial para hablar directamente con las personas que estábamos en el museo. Hace unos días volví a coincidir con él a través de un amigo común, Ángel Márquez, el que fuera su secretario particular durante once años, quien me consta le profesa un gran afecto. Me sorprendió su aspecto tan saludable y una extraordinaria lucidez pese a los años (cumplirá 83 el próximo mes de junio). Me decía que este mes de marzo se cumplirían 21 años de su nombramiento como Obispo de Málaga, fue en la primavera del 93 cuando Juan Pablo II le nombró Obispo de esta diócesis. En 2006, al cumplir 75 años, presentó su renuncia al Papa.

           Monseñor Antonio Dorado (Urda, Toledo, 1931), fue ordenado sacerdote en 1956 a los 25 años de edad. Tras 14 años de sacerdote, 44 de Obispo-de los cuales 15 años dirigiendo la diócesis de Málaga-, cedió el báculo episcopal y pasó a convertirse en Obispo emérito el 10 de octubre de 2008. Anteriormente al concilio Vaticano II, un obispo, no se jubilaba, debía mantenerse en el cargo hasta el mismo momento de su muerte. Durante el Concilio la cuestión en sí fue abordada y se consensuó que también necesitaban un descanso, apartarse del mundo para la oración, el silencio y el encuentro definitivo con Dios. Dos años tardó el Papa en aceptar su renuncia, desde entonces Monseñor Dorado Soto vive retirado en el Seminario de Málaga.

 ¿Cómo llegó de su Toledo natal hasta Andalucía, concretamente a Guadix?

Todo es muy sencillo. Como sabe, procedo de la Archidiócesis de Toledo y una gran parte de Guadix había pertenecido a esta diócesis. En Toledo trabajaba con la Acción Católica y como profesor del Seminario Mayor, además en el año 1964 me habían nombrado Consiliario Nacional del Apostolado Rural. En el año 1965, el Santo Padre Pablo VI nombró Obispo de Guadix-Baza a D. Gabino Díaz Merchán, con quien trabajaba en equipo en los Movimientos Apostólicos de Toledo. Me pidió que viniera a Guadix con él, y así lo hice, con permiso de mi Obispo el cardenal Pla y Deniel. Ya en Guadix, me nombró Vicario General, misión que desempeñé hasta que D. Gabino fue nombrado Arzobispo de Oviedo.

¿Qué diócesis encontró cuando llegó a Málaga?

Encontré una diócesis muy compleja, por el tamaño, por la presencia de un alto porcentaje de personas extranjeras, por el pluralismo de Credos y por el dinamismo de la sociedad. Desde el punto de vista eclesial, encontré una diócesis muy viva y entrenada en lo que se refiere a la participación de los seglares. Eso permitió que pudiéramos trabajar pastoralmente con la elaboración de Planes Pastorales, en los que desempeñaba un papel decisivo el Consejo Pastoral Diocesano; y se revisaban y renovaban a fondo cada cuatro años. El Seminario funcionaba razonablemente bien, con una media de treinta y cinco alumnos, un buen profesorado y una espléndida biblioteca. También funcionaba la Escuela de Teología para seglares y se habían echado las bases de lo que es el Instituto de Ciencias Religiosas. Además, se había logrado una gran unidad entre las parroquias en lo que se refiere a los materiales y la metodología de las catequesis de iniciación cristiana. En lo que atañe al diálogo ecuménico, el Instituto Lux Mundi, dirigido por el padre Delius, era un elemento muy dinámico.

 Málaga es una diócesis grande, con una particular religiosidad popular, cofrade y con tradiciones. ¿Cómo fueron sus relaciones con las cofradías?

Fundamentalmente buenas, como corresponde a un Pastor con la comunidad que le ha sido confiada. De modo puntual surgían algunos problemas, que se resolvían con el diálogo. Raramente tuve que acudir al argumento de la autoridad para resolverlos. Hoy conservo un buen recuerdo de los hermanos cofrades y de la religiosidad popular de la ciudad y de los pueblos.

Cuando era usted presidente de la Comisión de Enseñanza de la Conferencia Episcopal, dijo: “si fuésemos capaces entre todos de educar en valores a nuestra juventud, haríamos un gran bien social para el mañana”. ¿Cree que se está perdiendo esto en nuestra sociedad?

Sí. Se ha perdido en gran parte aquel esfuerzo que hicimos entre todos. En ello influyó negativamente la devaluación de la asignatura de religión por parte del gobierno de Zapatero y su famosa “educación para la ciudadanía”. La juventud española se encuentra hoy en día, en gran medida, desorientada y desmotivada ante los valores humanos fundamentales.

Durante el gobierno de Felipe González, usted negoció acuerdos en materia educativa respecto a la enseñanza de la religión en los colegios. ¿Piensa que hay que prestar atención a las demandas de la sociedad?

Me atrevo a decir que la matriculación de cada año es una especie de referéndum sobre la asignatura de religión. Y a pesar del secularismo que se quiere imponer desde algunas instancias políticas y mediáticas, la sociedad española sigue teniendo un interés notable por la enseñanza religiosa de sus hijos, sea cual sea. Tal vez, las familias no sean luego muy coherentes y practicantes, pero valoran a la religión por encima de cualquier alternativa. Como persona inteligente y demócrata, Felipe González supo ser respetuoso con el pueblo.

El pasado verano El papa Francisco en Brasil lanzó algunas señales refiriéndose a la necesidad de cambio diciendo: “Quiero lío en las diócesis, quiero que la Iglesia salga a la calle”. ¿Cómo ve la Iglesia actual? ¿Considera que la sociedad está más cercana o se aleja de ella?

Tengo la impresión de que, en los últimos tiempos, la Iglesia ha estado muy a la defensiva y, quiza un poco celosa de mantener su cota de poder. El papa Francisco nos anima a todos a soltar lastre. A vivir y a proclamar el Evangelio desde la debilidad de la fe, porque está convencido de que el Evangelio se defiende a sí mismo y tiene un gran poder de seducción. Me refiero al Evangelio a cuerpo limpio, que debe prevalecer sobre nuestra rutina y sobre costumbres más o menos antiguas. El Evangelio no se identifica con ninguna ideología y con ninguna cultura, pero es la levadura que puede fecundar a todas. Lo que requiere es que hablemos con la vida. Cuando se comentan “los gestos” del papa Francisco, yo me niego a llamarlos gestos, es que el Papa es así, vive así, y se limita a expresar con su vida y su palabra cuanto cree y cuanto es, como seguidor y representante de Jesucristo.

El papa Francisco aseguró “sufrir” cuando ve, que el papel de las mujeres en las organizaciones eclesiales, se reduce solo a servidumbre y no a servicio. ¿Cree que la Iglesia Católica está preparada para admitir a la mujer dentro de ella, dándole una presencia más incisiva?

Por supuesto que sí. Más incisiva y más decisiva. La Iglesia necesita que la voz de la mujer sea más escuchada y más tenida en cuenta. Aunque de alguna forma ya lo es, pues las mujeres, aunque no son las que toman las grandes decisiones, son las que más influyen en la transmisión y en la vivencia de la fe. Por su papel de catequistas, de madres y de abuelas. Pero es necesario que esté presente también allí donde se toman las grandes e importantes decisiones.

 Estuvo en Melilla en numerosas ocasiones de visita pastoral. Mantuvo encuentros con miembros de las diferentes comunidades religiosas y con los sacerdotes de las parroquias de la ciudad. Conserva buenos recuerdos de la ciudad y menciona cuando celebró más de una eucaristía en la Iglesia del Sagrado Corazón. En el año 2005 emitió un comunicado por los sucesos ocurridos en Melilla debido a la presión migratoria y se dirigía a los gobernantes “….Estos hombres y mujeres, que han vivido momentos de desesperación para llegar hasta ahí, no se van a detener fácilmente por la altura de la valla ni por el número de personas que la custodian, que Dios los ilumine para emprender medidas eficaces de cara a dicha situación….”

Sabe que Melilla, atraviesa una delicada coyuntura ante la masiva llegada de inmigrantes, que desesperados, no se detienen ante nada por saltar la valla y llegar a España. ¿No cree que hay que dar una salida más humanitaria a estas personas para devolverles su dignidad o acometer algún tipo de medida más eficaz, más allá del “concertina”, sí o no?

Yo no soy político ni tengo una respuesta para resolver la grave y dolorosa situación de los inmigrantes que llegan a diario a Melilla. Tampoco dispongo de la información suficiente sobre el papel que están desempeñando los gobiernos ni sobre las “mafias”. Yo soy un humilde servidor y seguidor de Jesucristo, y como tal, me gustaría situarme ante los inmigrantes como el papa Francisco, que los defiende, los abraza y llora con ellos. Por supuesto que las famosas concertinas me parecen un elemento de crueldad añadido. Quizá sean legales, pero sabemos bien que no todo lo legal es justo ni humano.

 

 

 

 

 

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