Málaga, la más bella

 

Parque y Puerto de Málaga

              “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída a las ondas azules, pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, intermedia en los aires, como si una mano dichosa te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes”      Ciudad del Paraiso.  Vicente Aleixandre.

          Desde el equinoccio de primavera, el pasado 21 de marzo, y hasta el solsticio de verano, el próximo 12 de junio, la duración de las noches es cada vez menor y hay más horas de luz durante el día. A partir de entonces esa luz se irá reduciendo hasta que en el equinoccio de otoño se igualarán las horas de luz y las de oscuridad.

          Más horas de luz es la clave para el desarrollo de plantas y especies naturales, para la reproducción de animales y aves, que regresarán a Málaga y a sus humedales en donde anidarán los próximos meses. Ahora, el sonido de estas aves se hace notar en las mañanas y  atardeceres del cielo malagueño.  He caminado por el paseo del parque estos días y me gusta escuchar   el canto de los pájaros en la primavera, contemplar los árboles en flor, y la luz, esa luz tan especial que tiene Málaga.

         La sensibilidad de nuestra ciudad es reflejo de su mar,  amante de la libertad, cosmopolita desde hace siglos, y espiritual en su sentido cultural y artístico. Nuestra ciudad está viva y Málaga es un regalo….o será que yo adoro mi tierra.

Paseo de la Farola

 

Paseo del Parque

Puerto de Málaga

Muelle Uno

 

Palacio de la Aduana

 

“Málaga es “inglesa” y mora
á la vez que es andaluza;
Guadalmedina la cruza
y el Puerto la condecora;
Gibralfaro la avalora
y la Caleta sin par;
la emblanquece su Azahar
y la dora su alegría;
en su torre se abre el día
y á sus pies se rompe el mar.

Esa es Málaga la bella
paraíso en que nací;
entre sus luces viví
y mi sér formóse en ella.
Dios quiso al crear mi estrella
darme la vida en su ambiente,
y llevo fijo en mi mente
su nombre que tanto quiero,
cual si llevara un lucero
en la mitad de la frente.

Ved su ambiente ¡qué alegría!
ved su Puerto ¡qué grandeza!
ved sus campos ¡qué belleza!
ved su cielo ¡qué poesía!
ved sus aves ¡qué armonía!
ved sus calles ¡qué graciosas!
ved sus jardines ¡qué rosas!
ved sus coplas ¡qué ternura!
ved sus hombres ¡qué bravura!
ved sus mujeres ¡qué hermosas!”

Salvador Rueda, poeta malagueño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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