La Rosa de Jericó

   

    … Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia. Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón; crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó; como un hermoso olivo en el valle….

 Libro del Eclesiástico. Elogio a la sabiduría. Capitulo 24. Versículo 14

         Cuenta la leyenda que cuando Jesús se retiró los 40 días al desierto, una rosa de Jericó le seguía arrastrada por los vientos y las tormentas de arena, deteniéndose siempre a sus pies. Al amanecer con la humedad del alba, las gotas de rocío acumuladas en sus ramas calmaban su sed.  Jesús agradecido por este hecho, la bendijo.

           Hace tan solo una semana, viendo un interesante documental sobre el desierto del Sáhara, descubrí la evolución de esta milenaria y enigmática planta. Me llamó la atención su nombre y decidí hacer una búsqueda. He encontrado de todo y se le atribuyen decenas de propiedades curativas, reparadoras, aplicaciones en cosmética, creencias esotéricas, etc… Existe también la convicción de que quien cuida y posee una rosa de Jericó atrae salud, amor, paz y bienestar en su entorno. Esto último, al parecer es una antigua tradición, ya que esta planta era transportada de Arabia como talismán de buena suerte y ventura.

Rosa de Jérico

          La rosa de Jericó (Anastatica hierochuntica), también conocida como planta de la resurrección, es una planta común y bien adaptada al desierto y zonas muy áridas, y se puede encontrar en el desierto del Sáhara, el de Arabia y en las inmediaciones del Mar Rojo. Tiene la propiedad de sobrevivir años y años de sequía, de aparentar que está muerta hasta periodos de 100 años y tras las lluvias volver a florecer, de ahí que también se la conozca como planta de la resurrección. Cuando está seca, sus largas ramas se enroscan hacia el interior, formando una bola que protege las semillas que guarda en su parte central.

                                         La rosa en el Sáhara

          Incluso en el Sáhara llueve, pocos días al año pero llueve, y eso es suficiente para que las plantas sobrevivan, siempre y cuando estén bien adaptadas. Sobre la ardiente arena del desierto, a 50º grados durante el día, esa bola de ramas secas al soplar el viento se desplaza, rodando entre las dunas para depositarse. Pero la rosa de Jérico necesita un “milagro” más.  Al llover, sus ramas y extremidades muertas absorben el agua y se abren en cuestión de minutos. En sólo unas horas los brotes pequeños asoman a la superficie y en pocas semanas florecen y producen sus propias semillas.

          Poco antes de que logren crecer, el sol las volverá a secar. Morirá de nuevo y permanecerá rodando por el desierto esperando de nuevo las lluvias. El ciclo se repetirá sucesivas veces. Incluso puede ser que pasen varias décadas hasta la nueva resurrección.  Enigmas y misterios de la naturaleza.                           

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