En mi scriptorium

Scriptorium

Scriptorium

        ..Salí de la iglesia menos fatigado pero con la mente confusa, porque sólo en las horas nocturnas el cuerpo goza de un descanso tranquilo. Subí al scriptorium, pedí permiso a Malaquías y me puse a hojear el catálogo. Mientras miraba distraído los folios que iban pasando ante mis ojos, lo que en realidad hacía era observar a los monjes.

       Me impresionó la calma y la serenidad con que estaban entregados a sus tareas, como si no hubiese desaparecido uno de sus hermanos y no lo estuvieran buscando afanosamente por todo el recinto, y como si ya no hubiesen muerto otros dos en circunstancias espantosas. Aquí se ve, dije para mí, la grandeza de nuestra orden: durante siglos y siglos, hombres como éstos han asistido a la irrupción de los bárbaros, al saqueo de sus abadías, han visto precipitarse reinos en vórtices de fuego, y, sin embargo, han seguido ocupándose con amor de sus pergaminos y sus tintas, y han seguido leyendo en voz baja unas palabras transmitidas a través de los siglos, y que ellos transmitirían a los siglos venideros. Si habían seguido leyendo y copiando cuando se acercaba el milenio, ¿por qué dejarían de hacerlo ahora?

           Sin duda, un monje debería amar humildemente sus libros, por el bien de estos últimos y no para complacer su curiosidad personal, pero lo que para los legos es la tentación del adulterio, y para el clero secular la avidez de riquezas, es para los monjes la seducción del conocimiento…..

                                                                                   El nombre de la Rosa.  Umberto Eco.

Era hacia finales de 1327,  cuando el emperador Ludovico llegó a Italia para recomponer el sacro imperio romano, bajo el papado del simoníaco Jacques de Cahors, conocido como Juan XXII, éste había publicado una bula en la que condenaba la postura de los franciscanos espirituales,  conocidos como “fraticelli”, calificandolos de herejes. Bajo el manto de la Inquisición y la herejía, aquellos monjes se recluían en los scriptorium de los monasterios buscando la paz espiritual.

Uno siempre tiene algún libro de cabecera, de esos que por más que pasen los años, está ahí para consultar, abrir cualquier página y releer un párrafo, un capítulo o sólo un par de hojas. Con este libro me ocurre eso, lo tengo lleno de marcadores de páginas y de notas. Lo encuentro sencillamente maravilloso, pese a que no es una novela de lectura fácil por la cantidad de datos, reseñas históricas de la Edad Média y  reflexiones filosóficas que hacen del libro su trama argumental bajo la sombra del Anticristo y la pureza del Cristianismo.

Fue solo un mes antes de crear el blog, cuando abrí al azar el libro por esta página.  Por un momento pude imaginar cómo serían realmente aquellos Scriptorium de la Edad Média, con los copistas día y noche escribiendo, copiando y traduciendo textos. Esa serenidad y calma que describe y ese silencio es lo que me hizo cambiar el nombre que ya tenía decidido. Por ello cree mi propio Scriptorium, para alejarme del ruido, y encontrar mi propia serenidad cada vez que me siento a escribir sobre lo que me gusta y apetece. Porque escribir también es un acto de meditación personal.

2 pensamientos en “En mi scriptorium

  1. Es uno de esos libros que te dejan marcado, al menos a mí me pasó cuando lo leí por primera vez. Desde entonces lo vuelvo a leer de vez en cuando para sumergirme de nuevo en la historia.

    Es sencillamente esencial.

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