El lobo frente al hombre

 

 

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            Cuando uno tiene la oportunidad de observar de cerca y aproximarse un poco a la vida del lobo, no es difícil  llegar a la conclusión de que existen considerables  similitudes con el ser humano, tanto en sus prioridades como en su conducta animal. A mí personalmente es un animal que me fascina por diversas razones, fundamentalmente por su capacidad de adaptación al medio, por su inteligencia social y sobre todo por ese instinto de protección extrema que tiene a los suyos.  Fiel a su manada y cachorros y con un reflejo de supervivencia superior al de muchos animales de su especie.  Quien ha podido verlos de cerca y -observado su mirada- sabe de lo que hablo.

             Para el lobo, Canis lupus, la jerarquía, igual que para el hombre, tiene un papel primordial en el equilibrio de la manada. Ha sido y es, una especie que ha logrado adaptarse a los múltiples ámbitos de vida a lo largo de millones de años, vagando por la tierra y aclimatándose hasta encontrar un lugar óptimo para vivir.  El mito más común del lobo es que se trata de un animal muy peligroso, que ataca indiscriminadamente al hombre bajo cualquier circunstancia, pero no es así, el lobo, aunque depredador, es un animal desconfiado que rehuye del contacto con el ser humano. Nos tiene miedo y sólo atacaría en caso de verse amenazado.  Sin embargo es evidente que no es un animal dócil ni sumiso, por tanto, aunque el hombre manifieste su superioridad, éste no lo aceptaría como líder ni le obedecería a órdenes.  El ser humano es quien poco a poco se ha ido adueñando de su hábitat natural dificultándole la supervivencia, la construcción masiva en zonas rurales y de montaña han puesto en peligro de extinción a la especie.  El hecho de que el hombre entienda que los lobos son una pieza esencial en la naturaleza es parte del esfuerzo que existe en diversas asociaciones por protegerlos.

             El lobo vive en manadas llevando un estricto orden jerárquico dentro del grupo. El macho alfa, el líder, es el lobo más fuerte y el que cuenta con más privilegios en el grupo. También hay lobas alfa, defensoras y protectoras de sus cachorros y de los que considere parte de su manada. Éstas, más feroces que el lobo si es necesario. Suelen ser observadoras de todo lo que acontece a su alrededor, reservadas, pero marcando territorio ante los enemigos o cualquier depredador que amenaza su entorno. Ante una loba alfa, el enemigo, si aparece, debe actuar con cautela.

En Antequera, Málaga, en pleno corazón de Andalucía, existe un parque natural* único en el mundo, donde los lobos son criados en libertad y en circunstancias reales y naturales. De hecho, de no ser por este lugar, sería imposible observar esta especie en la naturaleza sin interferir en sus comportamientos innatos. Es un sitio que visito a menudo, no sólo por observar a los lobos, también para sentirme en contacto con la naturaleza  y pasear por aquel entorno tan salvaje. A fin de cuentas en nuestro día a día, estamos de algún modo rodeados de “lobos”, más feroces y dañinos que esta bella especie animal.

 

www.lobopark.com

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