Feliz año 2016.

Avenida, lápiz sobre papel

Avenida, lápiz sobre papel

“La luz…los  primeros rayos de una clara mañana de primavera….como el telón de un gran teatro, el de la vida que empieza a desperezarse, a fluir...”.         Carlos Baeza. 

       “Porque todo fluye, nos lleva, nada permanece”. Panta rei, (Πάντα ῥεῖ ). Esta expresión se atribuye al filósofo presocrático Heráclito de Efeso, que vivió en el siglo V antes de nuestra era.  Heráclito afirmaba que nadie puede entrar dos veces al mismo río, porque el río cambia, está en movimiento, y quien entra una vez tampoco puede escapar de la ley del cambio, y, por lo tanto, no será el mismo cuando regrese. El Panta rei somos todos y cada uno de nosotros, somos agua que discurre y moldea, que arrastra y cambia, que deviene de algún modo.

     Comparto esta magnífica obra titulada “Avenida”, en referencia a la Avenida principal de la Ciudad de Melilla, porque “evoca la atmósfera atemporal que tienen los recuerdos”, y la ciudad de Melilla formará parte de mi vida y de mis recuerdos para siempre. Hay lugares que te marcan, por más años que hayan transcurrido, te llegan al corazón y cuando una regresa de ellos nada vuelve a ser como antes. Eso fue lo que me ocurrió en aquel bello lugar del norte de África.

         Feliz y próspero año 2016 a todos las personas que continúan leyendo mis publicaciones, últimamente más escasas, y manteniendo este blog, que siempre ha sido mi rincón de arte y de sueños.

Ayer y hoy en Florencia

   

Palazzo Vechio

Palazzo Vechio

       

                  La tarde está cayendo, la luz de oro del último sol transfigura los cipreses en cirios ardientes, las nubes en el cielo azul y diáfano se tiñen de rosa místico, como tocadas por los pinceles de Fra Angélico.  El tiempo se ha parado, absorto en el esplendor del ocaso, el murmullo del agua y la placidez del aire.  Bajo la logia que contempla los jardines de Careggi, Ficino diserta, Leonardo, Poliziano, Pico, Brunelleschi, Alberti son la compañia.  Marsilio comenta el Simposio de Platón y lo compara con el Corpus hermeticum.  Leonardo mira absorto a lo lejos, mientras Pico della Mirandola consulta un códice hebreo.  Es una reunión de la Academia platónica fundada por Cosme el Viejo con la ayuda de su mentor y médico Marsilio Ficino, que se ocupará de la educación de Lorenzo de Médicis.                                                                                                         Luis Racionero.   Florencia de los Medicis

          

 

 

 

 

             Este es el enigma. Qué ocurrió en la historia, para que precisamente en Florencia, y en el siglo XV, bajo el amparo de la familia Médicis, se encontraran esta variada representación de artistas y pensadores que originaron el Renacimiento, modificaron el rumbo de la historia y llevaron aquel periodo artístico  a la cima entre los años 1490 y 1512. Fue una coincidencia de espacio y tiempo, una manera diferente de mirar el mundo y una concentración de creatividad, similar a lo que ocurrió en el siglo de oro ateniense, culminación de la Grecia clásica.  Pero, tal vez, cualquier prefacio al Quattrocento deberiamos buscarlo un siglo antes, cuando Dante Alighieri escribió una de las grandes obras de la literatura universal, la Divina Comedia, también en Florencia.

       A comienzos de 1500, por poner un ejemplo, Miguel Ángel esculpía el David,  Leonardo acababa de pintar la Última Cena y juntos realizaban los dibujos para decorar el salón del palacio de la Signoria,  Perugino pintaba una de las capillas de la iglesia de la Annunziata y un jovencísimo Rafael concluía su Madonna del Baldaquino para decorar la capilla del Santo Spirito en Florencia.

      Actualmente la ciudad permanece inalterable al paso de los siglos, cuyo encanto está presente en cada esquina de sus calles, edificios, iglesias y palacios. La he visitado en varias ocasiones y circunstancias diferentes y he sentido el denominado Síndrome de Stendhal en cada una de ellas.  Ningun lugar debe ser comparable a otro y cada uno guarda su encanto y originalidad, pero a mí me sigue pareciendo el lugar más bello del mundo.

Estas son  algunas de las fotografías realizadas en la ciudad.

 

 

 

 

 

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Pedro de Mena en El Cister

Ecce Homo Y Dolorosa

Ecce Homo Y Dolorosa

     Desde que Pedro de Mena (1628-1688) decidiera trasladarse a Málaga, dejando Granada, su tierra natal, debido a un encargo del obispo para realizar la sillería del coro de la Catedral, su vida permanecería para siempre vinculada a esta ciudad. En Málaga montó su taller definitivo y ejecutó gran cantidad de encargos, especialmente para órdenes religiosas. La proximidad de su vivienda con la abadía de Santa Ana del Císter, fundada en 1604,  y el hecho de que tres de sus hijas profesaran como religiosas de la orden, fueron tal vez las razones para que el escultor decidiera recibir sepultura en la antigua iglesia de la abadía y que les donara a éstas gran cantidad de sus obras.

 

          Tras varios siglos entre los muros de la antigua abadía, por primera vez y desde el pasado 21 de enero, el patrimonio escultórico del Císter ha sido expuesto en el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga (MUPAN). Bajo el título Pedro de Mena y los tesoros del Císter hemos podido contemplar catorce piezas artísticas de interés iconográfico y simbólico comprendidas entre los siglos XIII – XVIII. Todas ellas seleccionadas de los fondos del Museo de Arte Sacro malagueño, destacando El Ecce Homo, la Virgen Dolorosa, El Niño Jesús de la Cuna, La Inmaculada Concepción… Un recorrido por el Barroco más místico, que ha suscitado el interés de historiadores, estudiosos o amantes del arte en general. Frente a esas figuras el tiempo se detiene y el pensamiento y la imaginación nos acerca a la vida de clausura, monástica y a la trascendencia que en ella tuvieron el arte sacro y las figuras religiosas, de la mano del que es considerado el artista más destacado asentado en la ciudad de Málaga durante los siglos del Barroco.

Feliz Navidad desde mi scriptorium

 

                                                                                   Posean los humildes la humildad de Dios para llegar a la altura también de Dios. ( S. Agustín, C. 184, 1)

 

                  Feliz Navidad a todas las personas de buena voluntad en el mundo, a todos los que me empujan a escribir, a mis lectores habituales, comentaristas, a quienes me escriben palabras afectuosas y felicitaciones por los diferentes artículos, y a los miles de visitantes anónimos de todo el mundo. Esperemos que el próximo año venga renovado y con esperanza para todos.  Paz en el mundo. 

Nota.  La pintura escogida es La Adoración de los pastores, firmado por El Greco, y que pude apreciar la pasada primavera en Toledo, con motivo de la muestra  “El griego de Toledo”, conmemoración del IV centenario de su muerte.

 

Cayetana de Alba, un espíritu libre.

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         Hace aproximadamente siete años escribí una carta a la Fundación Casa de Alba en Madrid, solicitando conocer personalmente el legado artístico de la Casa de Alba. Ya había leído en un artículo que la Fundación, dedicada a la conservación y difusión del patrimonio histórico-artístico, ofrecía la posibilidad de visitar el palacio de Liria de Madrid tanto a particulares como a diferentes asociaciones culturales.  Sinceramente no pensé que me contestarían, supuse que las reducidas visitas estarían relacionadas con entidades culturales o fundaciones diversas.  Al cabo de dos meses recibí una llamada para confirmarme el día y hora de la cita en la calle Princesa de la capital, donde se encuentra ubicado el Palacio de Liria.  Era viernes, una fría mañana de febrero en Madrid, cuando llegamos a la cita en las inmediaciones de Liria. Un grupo escaso, creo recordar entre siete u ocho personas, nos dirigimos con alguien que nos esperaba, al interior del Palacio.

          Podría escribir decenas de renglones sobre todo lo que vimos y conocimos… pero por encima de todo una maravillosa colección de arte que complementa  todo el legado que alberga El Museo del Prado. Impresionantes cuadros de El Greco, Ribera, Velazquez,  Rubens,  Zurbarán,  Goya, Tiziano, Federico de Madrazo, Zuloaga, etc…  lienzos que milagrosamente se salvaron del bombardeo que durante la guerra civil destruyó casi por completo el Palacio de Liria y que durante años estuvieron protegidos en el Banco de España, en la embajada británica y en el Museo del Prado.  Además de la colección pictórica pudimos contemplar en la Biblioteca, que ocupa la planta baja de la fachada derecha del palacio, casi 20.000 volúmenes de libros, entre ellos la 1ª edición del Quijote, una relación de 20 documentos de Cristobal Colón, expuestos visiblemente, donde se incluye el más antiguo mapa de América, el plano de la Española, la relación de tripulantes del Primer Viaje de Colón y otros escritos dirigidos a los Reyes, así como el último testamento de Fernando El Católico.

         A la vuelta de aquel fin de semana en la capital, volví a escribirles agradeciendo personalmente aquella grata visita guiada y mostrando mi admiración por la belleza de la colección pictórica que forma parte de nuestra cultura también, pero esta vez… el escrito iba dirigido a la Duquesa de Alba. Y me contestó en la primavera de ese mismo año, una afectuosa carta, de escasos quince renglones escrita y firmada por ella personalmente, para decirme que “con mucho gusto si me desplazo a la capital hispalense, podría ver de cerca el huerto claro y el limonero que Antonio Machado inmortalizó en sus versos de juventud”. Con esas palabras, Cayetana, la duquesa de Alba nos invitaba a conocer el Palacio de Las Dueñas en Sevilla, residencia que encandiló al por entonces joven escritor cuando escribió aquellos versos evocando el lugar donde nació, y en donde cada año en su puerta, al paso del Cristo de los Gitanos, se recuerda aquel bello poema “La Saeta” del más grande escritor andaluz que ha dado la historia.

            He leído y oído numerosos elogios a su figura como Duquesa, yo me quedo con la mujer que adoraba el arte, indómita ante la sociedad y su propia familia, ante todo un espíritu libre, hoy día tan escaso en esta sociedad adoctrinada.

Descanse en paz, Cayetana de Alba.

 

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Visita al Palacio de Las Dueñas.  Sevilla. http://www.enmiscriptorium.com/wp-admin/post.php?post=2619&action=edit

 

Sibila délfica. La pitonisa del oráculo de Delfos.

 

Bóveda Capilla Sixtina

Bóveda Capilla Sixtina

           El arte también es un camino hacia Dios.   

          Cuando el ambicioso papa Julio II encargó al joven artista florentino la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina nada hacia presagiar a Miguel Ángel que, pese a su inicial negativa y a sus protestas reiteradas para acometer tal proyecto, aquello le convertiría en el más influyente artista que ha dado la historia. Aquella bóveda le consagró como el mejor artista italiano y durante cuatro años trabajó con esfuerzo ante las dificultades que presentaba la infraestructura de la capilla, la falta de luz natural y el desánimo personal, ya que ante todo, él siempre consideró que su arte era la escultura.

      Sólo cuando se está bajo ese inmenso “cielo raso” y se aprecian las dimensiones de la bóveda es posible  imaginar los incovenientes  que durante esos años padeció el artista, quien prácticamente pasaba los días en soledad y sobre los andamios.  La bóveda consta de nueve paneles, que relatan la creación del mundo según el Génesis, flanqueados por las imágenes de las sibilas, profetisas que auguraban la llegada de la era cristiana.

SibilaDélfica

         En la parte superior derecha, en el lado opuesto del altar, sobresale la Sibila délfica, pitonisa del oráculo de Delfos, nombre que se le daba a las mujeres que interpretaban el oráculo. A las elegidas sólo se le pedía que su vida y sus costumbres fueran irreprochables, el nombramiento era vitalicio y se comprometían a vivir para siempre en el Santuario. La primera pitonisa que actuó en el oráculo de Delfos se llamaba Sibila, mujer de gran belleza y dotada del don de la profecía, cuyo índice de aciertos en sus predicciones era muy alto. A raíz de esto, su nombre se generalizó quedando como nominativo en el oficio. Ésta es una de las más hermosas figuras femeninas pintada por Miguel Ángel, quien simbolizó como nadie la imagen masculina en la mayoría de sus representaciones artísticas.  Es una mujer joven que parece volverse y mirar sorprendida en el momento de la lectura de los textos sagrados.  Tal vez, el florentino quiso expresar la emoción que provocó en ella la visión de la divinidad.

 

La Grecia de nadie.  Jean Bollack.

Pinchar aquí:    http://www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr/index.html

 

Pedro de Mena en Málaga

 

Ecce Homo

Ecce Homo

La Dolorosa

La Dolorosa

Casa museo Pedo de Mena

Casa museo Pedo de Mena

 

 

 

 

 

                                              Pedro de Mena en Málaga

            En la mañana del 13 de Octubre de 1688 moría en su casa de la calle Afligidos de Málaga, el escultor granadino Pedro de Mena y Medrano(1628-1688).  Hoy, el mismo día en que se cumplen 325 años de su muerte, la casa museo del prolífico artista del barroco, ha expuesto por último día, dos de sus obras más conocidas El Ecce Homo y la Dolorosa. La muestra, que ha durado dos meses, ha sido posible gracias a la intervención de la Comunidad Cisterciense de Santo Domingo de la Calzada en la Rioja, propietaria de estas dos obras de Mena y las más preciadas de la Abadía de Santa Ana en calle Cister.

           El Ecce Homo es un busto de medio cuerpo a tamaño natural de un Cristo azotado que refleja la piedad en su mirada. La Dolorosa es otro busto de expresión afligida en su rostro a consecuencia de la sumisión y el dolor. La imagen está inspirada en Catalina de Victoria, la esposa del escultor. Ambas fueron regalados en 1675 por Pedro de Mena a la Abadía del Cister, donde sus hijas Andrea y Claudia desarrollaron su vocación religiosa y donde actualmente está enterrado, por propia disposición del artista.

            Hijo del también escultor Alonso de Mena, que murió cuando éste contaba 18 años, quedandose al frente del taller de su padre y convirtiéndolo en el de más actividad escultórica de Andalucía.  El destino quiso que, un día de 1658, el obispo de Málaga le hiciera llegar el encargo de la terminación de la sillería del Coro de la Catedral de Málaga, trasladandose a Málaga con su familia. De sus manos y gubias saldrán las más bellas imágenes religiosas del barroco, e  irá dando forma a decenas de santos solicitados por el Cabildo Catedralicio de Málaga, hasta que en 1664 recibe el encargo del obispo Fray Alonso de Santo Tomás de realizar un crucificado para la Iglesia de Santo Domingo. La popularidad y el prestigio que consiguió con esta obra le valió la sucesión de más peticiones, por lo que se vió obligado a montar su propio taller en Málaga, en el que permaneció hasta su muerte.

Pedro de Mena

Pedro de Mena

Actualmente, en la que fuese su casa taller de la calle Afligidos, con entrada por la calle Císter, donde vivió, trabajó y murió el imaginero granadino se encuentra la Sala Memorial Pedro de Mena y en ella se puede contemplar una proyección audiovisual con un recorrido por su vida y obra. En el exterior del museo destaca a la entrada, en plena calle, el busto  en bronce del genial artista con las herramientas en una mano y en las otras el boceto del futuro Cristo Crucificado de Mena.

Nota: Gran parte de la obra escultórica de Pedro de Mena se encuentra repartida por diferentes ciudades españolas.  En Málaga, debido al tiempo que vivió en la ciudad se conserva buena parte de ella, pero que duda cabe que el eje de su vida y su espíritu gira entorno a esa pequeña Abadía de Málaga, Santa Ana del Cister.  

El Neoplatonismo en Miguel Angel

 

El Moisés

 “En cada bloque de mármol veo una estatua tan claramente como si estuviera frente a mí, de formas perfectas en su postura y acción. Sólo tengo que quitar las paredes ásperas que aprisionan la hermosa figura para revelarla al mundo tal como yo la veo”

Miguel Angel Buonarrotti. 1490

           La Florencia de los Médici, en el siglo XV era el centro del mundo de la cultura, del arte y de las ideas renacientes. Fue Cosme El Viejo, político, banquero y fundador de la dinastía Médici, quien hizo que su familia gobernara la ciudad de Florencia y coleccionara grandes obras de arte llegadas de toda Italia.  Financió el proyecto de Brunelleschi para realizar la cúpula del Duomo de Florencia, descubrió a artistas de la talla de Donatello y Boticelli y acogió en su palacio  a filósofos y pensadores, con idea de traducir las obras de Platón al latín, creando así una academia de humanistas florentinos. Pero fue su nieto, Lorenzo El magnífico, quien con solo 20 años y a la muerte de sus predecesores tomó las riendas de la dinastía y asumió el papel de patriarca y mecenas de arte.

La formación de Miguel Angel

         En este entorno, Lorenzo quedó impresionado de una escultura realizada por un joven florentino que demostraba talento pero que no encontraba apoyo familiar suficiente para desarrollar sus cualidades artísticas.  Lo llevó a vivir al palacio de la familia Médici y con solo 14 años, aquel joven, se encontró rodeado de maestros que le transmitieron las inquietudes filosóficas y espirituales que le convertirían en un artista único, osado, innovador y filosemita, pero a la vez apasionado y lo suficientemente hábil, que cuando el papa, veinte años más tarde, le encargó la más grande de las obras de arte para rendir homenaje a la iglesia, él supo plasmar y ocultar con genialidad sus verdaderos sentimientos en la bóveda de la Capilla Sixtina.

Florencia

           Pero hubo dos personas, dos grandes maestros de la historia que influyeron de forma decisiva en la formación de Miguel Angel, ellos eran  Marsilio Ficino y Pico della Mirandola.  Reconocidos como los grandes filósofos del Renacimiento en Florencia, convirtieron a aquel joven talentoso en discípulo de ellos con la intención de transmitirle sus enseñanzas. Ficino fundador de la Academia Platónica en Florencia, transmitió a Miguel Angel las audaces ideas de esta escuela de pensamiento. Pico, fue quien estuvo más cerca del artista y quien le mostró la relación entre el antiguo misticísmo, la filosofía griega, el cristianísmo y el judaísmo.  Así, el niño prodigio del Renacimiento, quedó marcado por doctrinas filosóficas de belleza y de espiritualidad hasta tal punto que, cuando pintó El Juicio Final reflejó en secreto el testimonio de las incomparables y “heréticas” enseñanzas recibidas.

El cuerpo  es una cárcel para el alma.  Platón

             Cuando Miguel Angel recibió el encargo para realizar el grupo escultórico destinado a formar parte de la tumba del papa Julio II, El Moisés, (la que siempre él consideró la obra de su vida), creó una metáfora alegórica de la esclavitud a la que es sometida el alma humana, prisionera en vida de los deseos del cuerpo de los que trata de liberarse. Influenciado por las teorías de Platón, esculpió dos esclavos, el esclavo moribundo y el esclavo rebelde haciendo alusión a las ataduras de la vida humana. Miguel Angel siempre atormentado por sus ansias de perfección, volvió a dejarnos un mensaje velado en el grandioso monumento funerario.

Nota: En un principio las esculturas de los esclavos formarían parte de la tumba papal.  A su término Miguel Angel se las regaló a Roberto Strozzi, exiliado florentino que acogió al artista en su domicilio durante un periodo de su vida. Éste a su vez se las regaló al Rey de Francia. Actualmente están en el Museo del Louvre (París).

El Moisés, se encuentra en la Iglesia de San Pietro in Vincoli (San Pedro encadenado) en Roma.

Esclavo rebelde

Esclavo moribundo

Síndrome de Stendhal

              Debe ser que soy extremadamente sensible al arte, o tal vez que he padecido sin haber sido consciente de ello, el sindrome de Stendalh en alguna ocasión.  Desde siempre, es conocida mi admiración profunda por el arte del Renacimiento, y mi pasión sin medida hacia la figura de Miguel Ángel Buonarroti.  No creo que sea algo íntrinseco y exclusivo en  mí, porque  quien  haya admirado de cerca, muy de cerca, por poner un ejemplo, “El David” en La Galería de la Academia de Florencia, es posible que haya quedado aturdido por tanta belleza, por tan imponente escultura, por tan majestuosa figura de proporciones perfectas, paradigma del genio del Renacimiento.

                                                                                       

           El Síndrome de Stendhal, conocido popularmente también como síndrome de Florencia, es un leve trastorno transitorio que cursa con aumento del ritmo cardiaco, vértigos, temblores, palpitaciones, confusión, debidos a la sobreexposición a  obras de arte. Especialmente si éstas son muy bellas o existen en gran número, en un mismo espacio.  Es algo así como una sobredosis de arte y belleza artística, el caso es que cuando el famoso escritor francés del siglo XIX, Marie-Henri Beyle (más conocido por el pseudónimo literario Stendhal) realizó un viaje por Italia, describió su propia experiencia personal en un pequeño y ameno libro titulado “El síndrome del viajero”.  En uno de sus capítulos relata la experiencia sentida tras la visita a la Basílica de la Santa Cruz (Santa Croce) en Florencia, experiencias que  se originaron debido a la intensa emoción que le embargaba por los tesoros artísticos que iba a poder contemplar en el interior del templo:

             “…..Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme….”

           Al igual que al escritor francés, hay quienes presentan reacciones de hipersensibilidad por saturación de la capacidad humana frente a las obras de arte.  Es algo así como decir, que la belleza excesiva duele, o que existen los placeres de la mente. Yo no podría afirmar que esta sensación de elocuencia, de querer expresar que se está ante una maravilla,  solo se circunscribe a la ciudad del Arno, aunque haya sobrados motivos para ello. Supongo que el origen está en la persona que observa y la interpretación que haga del arte en sí.

               No fue hasta el siglo XIX, cuando la psiquiatra italiana Graziella Magherini, realizó un estudio y descubrió más de un centenar de casos ocurridos, especialmente tras la visita a la Galleria degli Uffizi en Florencia. Fue entonces cuando los síntomas quedaron definidos e identificados con este nombre.

            Dicen, que tras contemplar en repetidas ocasiones un mismo objeto por muy bello que sea, uno queda inmune a la expectación. Yo he visitado Florencia en tres ocasiones, y lo cierto es que estas ciudades donde todo es admirable, uno no queda impasible nunca, por más veces que se haya visto.