Una hora más

Cambio de hora

No es que me guste demasiado el cambio de hora, pero reconozco que prefiero este del otoño al de la primavera. Porque no es lo mismo. Ahora ganamos una hora de tiempo y para mi eso es mucho. Al menos lo suficiente para llevarle la ventaja al dichoso reloj que de forma permanente nos recuerda, dónde, cómo, y qué tenemos que hacer durante todo el día.

El cambio de hora supone también en mayor o menor medida, y esto depende de cada persona, un trastorno para el organismo, cuyos efectos se producen por una leve alteración en el ritmo biológico que nos regula internamente.  Hay también quien afirma  que “el reloj corporal” cambiado trae consecuencias negativas en su humor y estado de ánimo, y en general, a su salud. Incluso aparecen desórdenes de tipo emocional y distimias en personas especialmente sensibles.   Los ciclos diarios de sueño y vigilia, y las comidas pueden verse modificados, pero en un plazo de 48 horas todo vuelve a la normalidad.

Hoy contaré con una hora más. Y me la voy a dedicar a mi. En una hora puede cambiar el destino incluso de una persona. Cada vez tengo más claro que no voy a perder más el tiempo con nada que no lo merezca, porque sería algo imperdonable, aunque suene egoista decirlo. Así que igual me iré a pasear, a leer un rato, a ordenar fotos antiguas, a bailar o a pensar. El caso es que le voy a sacar partido a este día.

Pedro de Mena en Málaga

 

Ecce Homo

Ecce Homo

La Dolorosa

La Dolorosa

Casa museo Pedo de Mena

Casa museo Pedo de Mena

 

 

 

 

 

                                              Pedro de Mena en Málaga

            En la mañana del 13 de Octubre de 1688 moría en su casa de la calle Afligidos de Málaga, el escultor granadino Pedro de Mena y Medrano(1628-1688).  Hoy, el mismo día en que se cumplen 325 años de su muerte, la casa museo del prolífico artista del barroco, ha expuesto por último día, dos de sus obras más conocidas El Ecce Homo y la Dolorosa. La muestra, que ha durado dos meses, ha sido posible gracias a la intervención de la Comunidad Cisterciense de Santo Domingo de la Calzada en la Rioja, propietaria de estas dos obras de Mena y las más preciadas de la Abadía de Santa Ana en calle Cister.

           El Ecce Homo es un busto de medio cuerpo a tamaño natural de un Cristo azotado que refleja la piedad en su mirada. La Dolorosa es otro busto de expresión afligida en su rostro a consecuencia de la sumisión y el dolor. La imagen está inspirada en Catalina de Victoria, la esposa del escultor. Ambas fueron regalados en 1675 por Pedro de Mena a la Abadía del Cister, donde sus hijas Andrea y Claudia desarrollaron su vocación religiosa y donde actualmente está enterrado, por propia disposición del artista.

            Hijo del también escultor Alonso de Mena, que murió cuando éste contaba 18 años, quedandose al frente del taller de su padre y convirtiéndolo en el de más actividad escultórica de Andalucía.  El destino quiso que, un día de 1658, el obispo de Málaga le hiciera llegar el encargo de la terminación de la sillería del Coro de la Catedral de Málaga, trasladandose a Málaga con su familia. De sus manos y gubias saldrán las más bellas imágenes religiosas del barroco, e  irá dando forma a decenas de santos solicitados por el Cabildo Catedralicio de Málaga, hasta que en 1664 recibe el encargo del obispo Fray Alonso de Santo Tomás de realizar un crucificado para la Iglesia de Santo Domingo. La popularidad y el prestigio que consiguió con esta obra le valió la sucesión de más peticiones, por lo que se vió obligado a montar su propio taller en Málaga, en el que permaneció hasta su muerte.

Pedro de Mena

Pedro de Mena

Actualmente, en la que fuese su casa taller de la calle Afligidos, con entrada por la calle Císter, donde vivió, trabajó y murió el imaginero granadino se encuentra la Sala Memorial Pedro de Mena y en ella se puede contemplar una proyección audiovisual con un recorrido por su vida y obra. En el exterior del museo destaca a la entrada, en plena calle, el busto  en bronce del genial artista con las herramientas en una mano y en las otras el boceto del futuro Cristo Crucificado de Mena.

Nota: Gran parte de la obra escultórica de Pedro de Mena se encuentra repartida por diferentes ciudades españolas.  En Málaga, debido al tiempo que vivió en la ciudad se conserva buena parte de ella, pero que duda cabe que el eje de su vida y su espíritu gira entorno a esa pequeña Abadía de Málaga, Santa Ana del Cister.  

En mi scriptorium

Scriptorium

Scriptorium

        ..Salí de la iglesia menos fatigado pero con la mente confusa, porque sólo en las horas nocturnas el cuerpo goza de un descanso tranquilo. Subí al scriptorium, pedí permiso a Malaquías y me puse a hojear el catálogo. Mientras miraba distraído los folios que iban pasando ante mis ojos, lo que en realidad hacía era observar a los monjes.

       Me impresionó la calma y la serenidad con que estaban entregados a sus tareas, como si no hubiese desaparecido uno de sus hermanos y no lo estuvieran buscando afanosamente por todo el recinto, y como si ya no hubiesen muerto otros dos en circunstancias espantosas. Aquí se ve, dije para mí, la grandeza de nuestra orden: durante siglos y siglos, hombres como éstos han asistido a la irrupción de los bárbaros, al saqueo de sus abadías, han visto precipitarse reinos en vórtices de fuego, y, sin embargo, han seguido ocupándose con amor de sus pergaminos y sus tintas, y han seguido leyendo en voz baja unas palabras transmitidas a través de los siglos, y que ellos transmitirían a los siglos venideros. Si habían seguido leyendo y copiando cuando se acercaba el milenio, ¿por qué dejarían de hacerlo ahora?

           Sin duda, un monje debería amar humildemente sus libros, por el bien de estos últimos y no para complacer su curiosidad personal, pero lo que para los legos es la tentación del adulterio, y para el clero secular la avidez de riquezas, es para los monjes la seducción del conocimiento…..

                                                                                   El nombre de la Rosa.  Umberto Eco.

Era hacia finales de 1327,  cuando el emperador Ludovico llegó a Italia para recomponer el sacro imperio romano, bajo el papado del simoníaco Jacques de Cahors, conocido como Juan XXII, éste había publicado una bula en la que condenaba la postura de los franciscanos espirituales,  conocidos como “fraticelli”, calificandolos de herejes. Bajo el manto de la Inquisición y la herejía, aquellos monjes se recluían en los scriptorium de los monasterios buscando la paz espiritual.

Uno siempre tiene algún libro de cabecera, de esos que por más que pasen los años, está ahí para consultar, abrir cualquier página y releer un párrafo, un capítulo o sólo un par de hojas. Con este libro me ocurre eso, lo tengo lleno de marcadores de páginas y de notas. Lo encuentro sencillamente maravilloso, pese a que no es una novela de lectura fácil por la cantidad de datos, reseñas históricas de la Edad Média y  reflexiones filosóficas que hacen del libro su trama argumental bajo la sombra del Anticristo y la pureza del Cristianismo.

Fue solo un mes antes de crear el blog, cuando abrí al azar el libro por esta página.  Por un momento pude imaginar cómo serían realmente aquellos Scriptorium de la Edad Média, con los copistas día y noche escribiendo, copiando y traduciendo textos. Esa serenidad y calma que describe y ese silencio es lo que me hizo cambiar el nombre que ya tenía decidido. Por ello cree mi propio Scriptorium, para alejarme del ruido, y encontrar mi propia serenidad cada vez que me siento a escribir sobre lo que me gusta y apetece. Porque escribir también es un acto de meditación personal.