La soledad del faro

Faro del Cabo Tres Forcas.  Mar Mediterraneo.                                               Fotografía: CarlosEsquembri

         No sé qué tienen los faros para mí, pero me atraen. En apariencia son solo una luz que ilumina la noche en alta mar, pero también poseen ese romantico encanto que la literatura nos ha descrito tantas veces, como de lugares secretos y ocultos que albergan historias de todo tipo.  El halo de misterio, atribuido a las tormentas, al viento y al mar han suscitado numerosas leyendas en casi todos ellos, tal vez porque estén aislados y silenciosos, perdidos en los lugares más inaccesibles. No hay construcción más solitaria que un faro.

         Desde siempre me he sentido fascinada por ellos y cuando he visitado alguna localidad que los tuviera y el acceso fuese posible, he subido hasta el punto más alto para poder verlos de cerca, llegar al borde, bajo el mismo faro y ver lo que se sentía contemplando el paisaje desde allí. Los colecciono, tengo fotografías de cada uno de ellos y busco siempre que puedo, nuevos faros escondidos en acantilados o en laderas junto al mar. He leído que en Escocia, que es una tierra de faros, incluso puedes alojarte en ellos. Debe ser interesante imaginar historias y relatos acaecidos en el entorno de cada faro.

Faro de Punta Silla

Paseando por San Vicente de la Barquera y cerca del puerto encontré el Dique la Barra, con un paseo estrecho en la parte superior del muro, que permite ver por un lado el puerto y por el otro los acantilados, coronados por el faro de Punta Silla, pequeñito, sobrio y poco llamativo, pero bien  aprovechado al haber sido reconvertido en “Centro de acogida de visitantes” del Parque natural de Oyambre. Tuvimos la suerte de visitarlo con un dia de mar en calma, porque es una zona peligrosa y muy expuesta al oleaje.

Faro de Llastres

El faro de Lastres es el último faro construido en Asturias (1994) y por tanto debe ser el más moderno en cuanto a instalaciones. Los elevados acantilados y la abrupta orografía convierten el tramo en uno de los lugares más peligrosos para la navegación nocturna. Cuando llegamos, quedé impresionada por el paisaje alrededor, y no pude reprimirme pese al vértigo que supone, asomarme y contemplar el mar a 117 metros de altura.

Faro de Mouro

El faro de Mouro, situado en una isla frente a la península de la Magdalena (Isla de Mouro) en la entrada de la bahía de Santander, en Cantabria. Por su inhóspita situación me recordó bastante a los faros de la costa inglesa, fuertemente golpeados por el oleaje y solitarios en algún acantilado.

Faro de las Islas Sanguinarias

El faro de las Islas Sanguinarias construido en 1870, se encuentra en el punto más alto de la isla Mezzu Mare (o Gran Sanguinaria), a 80 metros sobre el nivel del mar. Mide unos 15 metros de alto, e indica la entrada de la bahía (no puede ser visitado).

La Farola. Málaga

La Farola de Málaga es uno de sus símbolos de identidad de la ciudad, y da nombre al Paseo Marítimo donde se encuentra situada. Inmortalizada en infinidad de obras que retratan la ciudad y convertida en el único faro con nombre femenino de la costa española.

Faro de Melilla

En la costa norteafricana, las irregularidades del viento que azotan continuamente han dificultado la navegación durante siglos.  Hoy numerosos faros señalan la situación de la costa a los navegantes.  Entre ellos, solo he conocido el de la ciudad española de Melilla, un faro que asoma al mar Mediterraneo desde las antiguas murallas de la Ciudadela. Hace ahora veinticinco años que visité por primera vez aquel lugar donde amanece de modo diferente. De todos los lugares que he conocido en el mundo, me quedaré siempre con la imagen de aquella Melilla que descubrí y el faro de la que fuese Rusadir Fenicia.

Faro del Cabo Tres Forcas

El faro del Cabo Tres Forcas, inaugurado y encendido por primera vez en 1909, aprovechando la ocupación española en la Campaña de ese mismo año.

Faro de Islas Chafarinas

El faro de las Islas Chafarinas cuya casa era de estilo andaluz y con un patio central.  El último farero se fue a finales de los setenta.

Nota: Fotografías faros norteafricanos (Carlos Esquembri. Asociación de Estudios Melillenses).

http://melillamarinera.blogspot.com/2013/04/la-construccion-del-faro-de-tres-forcas.html

 

http://www.youtube.com/watch?v=3GU6n-bZEho&sns=em

 

El Neoplatonismo en Miguel Angel

 

El Moisés

 “En cada bloque de mármol veo una estatua tan claramente como si estuviera frente a mí, de formas perfectas en su postura y acción. Sólo tengo que quitar las paredes ásperas que aprisionan la hermosa figura para revelarla al mundo tal como yo la veo”

Miguel Angel Buonarrotti. 1490

           La Florencia de los Médici, en el siglo XV era el centro del mundo de la cultura, del arte y de las ideas renacientes. Fue Cosme El Viejo, político, banquero y fundador de la dinastía Médici, quien hizo que su familia gobernara la ciudad de Florencia y coleccionara grandes obras de arte llegadas de toda Italia.  Financió el proyecto de Brunelleschi para realizar la cúpula del Duomo de Florencia, descubrió a artistas de la talla de Donatello y Boticelli y acogió en su palacio  a filósofos y pensadores, con idea de traducir las obras de Platón al latín, creando así una academia de humanistas florentinos. Pero fue su nieto, Lorenzo El magnífico, quien con solo 20 años y a la muerte de sus predecesores tomó las riendas de la dinastía y asumió el papel de patriarca y mecenas de arte.

La formación de Miguel Angel

         En este entorno, Lorenzo quedó impresionado de una escultura realizada por un joven florentino que demostraba talento pero que no encontraba apoyo familiar suficiente para desarrollar sus cualidades artísticas.  Lo llevó a vivir al palacio de la familia Médici y con solo 14 años, aquel joven, se encontró rodeado de maestros que le transmitieron las inquietudes filosóficas y espirituales que le convertirían en un artista único, osado, innovador y filosemita, pero a la vez apasionado y lo suficientemente hábil, que cuando el papa, veinte años más tarde, le encargó la más grande de las obras de arte para rendir homenaje a la iglesia, él supo plasmar y ocultar con genialidad sus verdaderos sentimientos en la bóveda de la Capilla Sixtina.

Florencia

           Pero hubo dos personas, dos grandes maestros de la historia que influyeron de forma decisiva en la formación de Miguel Angel, ellos eran  Marsilio Ficino y Pico della Mirandola.  Reconocidos como los grandes filósofos del Renacimiento en Florencia, convirtieron a aquel joven talentoso en discípulo de ellos con la intención de transmitirle sus enseñanzas. Ficino fundador de la Academia Platónica en Florencia, transmitió a Miguel Angel las audaces ideas de esta escuela de pensamiento. Pico, fue quien estuvo más cerca del artista y quien le mostró la relación entre el antiguo misticísmo, la filosofía griega, el cristianísmo y el judaísmo.  Así, el niño prodigio del Renacimiento, quedó marcado por doctrinas filosóficas de belleza y de espiritualidad hasta tal punto que, cuando pintó El Juicio Final reflejó en secreto el testimonio de las incomparables y “heréticas” enseñanzas recibidas.

El cuerpo  es una cárcel para el alma.  Platón

             Cuando Miguel Angel recibió el encargo para realizar el grupo escultórico destinado a formar parte de la tumba del papa Julio II, El Moisés, (la que siempre él consideró la obra de su vida), creó una metáfora alegórica de la esclavitud a la que es sometida el alma humana, prisionera en vida de los deseos del cuerpo de los que trata de liberarse. Influenciado por las teorías de Platón, esculpió dos esclavos, el esclavo moribundo y el esclavo rebelde haciendo alusión a las ataduras de la vida humana. Miguel Angel siempre atormentado por sus ansias de perfección, volvió a dejarnos un mensaje velado en el grandioso monumento funerario.

Nota: En un principio las esculturas de los esclavos formarían parte de la tumba papal.  A su término Miguel Angel se las regaló a Roberto Strozzi, exiliado florentino que acogió al artista en su domicilio durante un periodo de su vida. Éste a su vez se las regaló al Rey de Francia. Actualmente están en el Museo del Louvre (París).

El Moisés, se encuentra en la Iglesia de San Pietro in Vincoli (San Pedro encadenado) en Roma.

Esclavo rebelde

Esclavo moribundo